Mañana no es solo “mañana”.

Mañana no es solo “mañana”. Es el día que se repite en la cabeza incluso cuando intentas dormir. Esta noche, el cuarto del hospital tiene esa calma rara: luces suaves, sábanas crujientes, sonidos constantes que parecen marcar el tiempo.

Ella sonríe con esa valentía silenciosa que tienen los niños cuando sienten miedo, pero no quieren que tú lo notes. Los lentes reflejan la luz, el cabello está despeinado sobre la almohada, y la bata colorida parece una forma de decir: “Aquí todavía hay vida, aquí todavía hay esperanza”.

Hace un rato pidió papel y un marcador. Nada más. Escribió una frase sencilla, como si las palabras fueran escalones para cruzar un lugar difícil. Cuando terminó, levantó la mirada y preguntó con total naturalidad: “¿Me das un corazón?”

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