Un corazón. No una explicación perfecta. No una promesa imposible. Solo una señal. Un gesto pequeño que diga: “Te veo. Estoy contigo, aunque sea desde lejos.”
Mañana la llevarán por un pasillo y habrá puertas que se cerrarán. Nosotros nos quedaremos esperando, aprendiendo a respirar en espacios ajenos, contando minutos como si fueran piedras en la mano. Y en ese tiempo, uno entiende algo: el amor no siempre se muestra con ruido. A veces se muestra con lo mínimo.
Un corazón no entra a quirófano. Pero sí acompaña. Sí sostiene. Sí recuerda que, incluso en días que dan miedo, nadie debería sentir que lucha solo.



