La explicación científica de este remedio popular es sorprendentemente sencilla.
Las castañas, especialmente las castañas indias, contienen ciertos compuestos que resultan repulsivos para las arañas. Sus sentidos, muy sensibles, interpretan el olor de las castañas como una señal de alarma, por lo que evitan las zonas donde este olor está presente. Sin embargo, simplemente colocar castañas en el suelo no siempre es suficiente, ya que el aroma puede no dispersarse con la intensidad necesaria. Por eso, nuestras abuelas sabían cómo hacer que este método fuera más efectivo. Si quieres asegurarte de que el aroma se propague eficazmente, es buena idea manipular un poco las castañas. Aquí te explicamos cómo hacerlo correctamente: Recoge castañas de un parque o bosque en otoño.
También puedes usar castañas compradas en la tienda, destinadas al consumo. Haz pequeños cortes o agujeros en las castañas con un cuchillo afilado o un punzón. Esto abrirá la superficie del fruto y liberará su característico aroma con mayor eficacia.
Coloca las castañas tratadas en los alféizares de las ventanas, las puertas del balcón, cerca de las rejillas de ventilación y en las esquinas de los armarios de la cocina y el baño, por ejemplo. Reemplaza las castañas cada pocas semanas para mantener el aroma.
Este truco no solo ahuyentará a las arañas, sino que también te evitará comprar repelentes químicos. Es un método completamente no tóxico que no daña a las arañas; simplemente les indica que tu casa no es un lugar adecuado para ellas.
¿Por qué es una buena opción?