Hoy, mi hija abrió su helado de chocolate favorito February

¿Y si no se hubiera dado cuenta?

Mi mente pasó por todas las posibilidades en cuestión de segundos.

Las consecuencias inmediatas

Primer instinto: asegurarse de que estaba bien.

Ella no había tragado nada.

Ella no se había ahogado.

Ella no lo había mordido.

Pero la sorpresa en su rostro me dijo que esto era más que simplemente un “momento desagradable”.

Fue una traición.

Éste era su dulce favorito.

En quien ella confiaba.

El que ella esperaba con ansias.

Y ahora, me sentía inseguro.

Dejé el cono a un lado inmediatamente.

Le lavamos las manos.

Le enjuagamos la boca.

Nos sentamos juntos a la mesa.

Sus manos temblaban ligeramente.

También lo fueron los míos.

Cuando la confianza se rompe en las formas más pequeñas

No solemos pensar en la confianza que depositamos en los objetos cotidianos.

Comestibles.

Aperitivos.

Alimentos envasados.

Comida

Asumimos controles de seguridad.

Control de calidad.

Vigilancia.

Y la mayoría de las veces, esa confianza está bien depositada.

Pero sólo hace falta un momento inesperado para que  te cuestiones todo.

Si ese trozo de plástico hubiera pasado desapercibido, podría haber:

Ha sido tragado

Causó asfixia

Se lastimó la boca

Provocó complicaciones digestivas.

Y esa es la parte que me persiguió.

El “¿qué pasaría si…?”

El lado emocional del que nadie habla

Sí, fue un problema de fabricación.

Sí, probablemente fue un error poco común.

Pero como padre, la lógica no calma el miedo.

Durante días, mi hija dudó antes de abrir cualquier paquete.

Ella preguntó:

“¿Es esto seguro?”

“¿Puedo comprobarlo primero?”

“¿Y si hay algo dentro?”

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