Con el tiempo, su talento lo llevĂł a dar el salto. EmpezĂł a jugar en ligas locales y luego cruzĂł el Atlántico hacia Portugal, donde pasĂł por varios clubes de segunda divisiĂłn y algunos en el extranjero, como en Chipre, Angola, Moldavia y Eslovaquia. No fue una trayectoria llena de trofeos rutilantes ni contratos millonarios. Más bien, era el clásico guerrero de trinchera: entrenando duro, viajando en autobuses incĂłmodos, adaptándose a culturas diferentes y manteniendo viva la llama por su selecciĂłn. Desde 2012 defendĂa los colores de Cabo Verde, acumulando partidos y experiencia, pero sin el glamour que otros compañeros de generaciĂłn alcanzaron. Muchos en su lugar habrĂan colgado los guantes hace rato, pensando que ya era hora de disfrutar la familia y dejar el fĂştbol a los más jĂłvenes. Pero Vozinha no. Él tenĂa un sueño guardado bajo llave.




