Las redes sociales adoran los atajos: una foto, un pie de foto provocativo y los comentarios explotan. Pero una imagen nunca muestra las horas de trabajo que hay detrás, ni las dificultades superadas.
Las manos que construyen nuestras casas, cultivan nuestras verduras y reparan nuestros coches merecen mucho más que nuestra indiferencia.
La verdadera elegancia, quizás, reside en saber mirar más allá de las apariencias.



