Un tatuaje no es solo tinta y un diseño bonito: es una lesión controlada en la piel. Cuando una persona se hace un tatuaje, la piel no recibe simplemente un dibujo en la superficie.
En realidad, la aguja perfora repetidamente la barrera cutánea e introduce pigmento en una capa más profunda llamada dermis.
La epidermis, que es la capa más externa de la piel, se renueva de manera constante. Por eso, si la tinta quedara solo en la superficie, el tatuaje desaparecería en muy poco tiempo.
Pero al depositarse en la dermis, el pigmento queda atrapado en una zona más estable, lo que permite que el diseño permanezca intacto durante años.
Desde el punto de vista médico, un tatuaje es una combinación de microheridas, inflamación, respuesta inmunológica y cicatrización.
La piel activa una respuesta inflamatoria inmediata
En cuanto la aguja rompe la piel, el cuerpo interpreta el procedimiento como una agresión local. Esto no significa necesariamente que algo esté mal; es la forma natural en que el organismo inicia la reparación.

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