Para entenderlo mejor, hay que comenzar por lo básico: el huevo es una auténtica joya nutricional. Contiene proteínas de alto valor biológico, lo que significa que aporta todos los aminoácidos esenciales que nuestro cuerpo necesita para formar tejidos, regenerar células y mantener los músculos en óptimas condiciones. Por eso, los nutricionistas lo recomiendan especialmente en dietas para ganar masa muscular o mantener una alimentación equilibrada.
Pero no solo eso. Dentro de su pequeña cáscara se esconden vitaminas del grupo B, como la B12 y la B6, fundamentales para el metabolismo y la salud del sistema nervioso. También es fuente de vitamina D, A y E, y de minerales como el hierro, el zinc y el selenio, que fortalecen el sistema inmunológico y ayudan a mantener la piel, el cabello y las uñas en buen estado. En otras palabras, el huevo cocido es una bomba de nutrición… pero en el buen sentido.

El colesterol del huevo: el mito que necesitaba ser aclarado
Uno de los temas más polémicos ha sido el colesterol. Durante décadas se creyó que comer huevos aumentaba el colesterol en la sangre y, por tanto, el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, los estudios más recientes han demostrado que el colesterol dietético —el que proviene de los alimentos— no tiene el mismo impacto que el colesterol que produce el propio cuerpo.
Los médicos explican que, en la mayoría de las personas sanas, el consumo moderado de huevos no eleva de manera peligrosa los niveles de colesterol “malo” (LDL). De hecho, puede aumentar el colesterol “bueno” (HDL), que ayuda a limpiar las arterias. Eso sí, recomiendan acompañarlo con una alimentación balanceada: si se combina con frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables, el huevo se convierte en un aliado del corazón, no en un enemigo.



