Aquella tarde había planeado simplemente pasar un rato agradable en la casa de una amiga. La idea era conversar durante horas, tomar café y recordar viejas anécdotas. Todo transcurría con normalidad hasta que, al entrar al baño, noté algo que llamó mi atención de inmediato: el asiento del inodoro parecía incompleto, como si le faltara una parte en el frente.
Una observación que despertó mi curiosidad
Al principio pensé que estaba roto o que se trataba de un asiento que estaban por reemplazar. Sin embargo, cuanto más lo observaba, más me costaba entender qué había pasado. La abertura en la parte delantera le daba un aspecto distinto al de cualquier inodoro que hubiera usado antes. Esa imagen quedó dando vueltas en mi cabeza incluso después de salir del baño.
Dudé en preguntarle a mi amiga. Sentía que era una consulta extraña y temía que pareciera ridícula. Pero la curiosidad fue más fuerte que la vergüenza. Necesitaba saber por qué ese asiento se veía tan diferente al que tengo en mi casa y al que usualmente encontramos en los hogares.