La edad es otro factor importante. Los calambres nocturnos en las piernas son más frecuentes a medida que envejecemos. La masa muscular disminuye naturalmente con la edad, y los cambios en la circulación, la hidratación y la función nerviosa pueden aumentar la susceptibilidad a los calambres.
Las mujeres embarazadas también pueden experimentar cólicos nocturnos con mayor frecuencia, especialmente durante el segundo y tercer trimestre. Se cree que el aumento de peso, los cambios en la circulación y las variaciones en las necesidades de minerales contribuyen a este síntoma común.
Afortunadamente, existen varias medidas sencillas que pueden ayudar a reducir la frecuencia de los cólicos nocturnos. Los estiramientos suaves antes de acostarse pueden mejorar la flexibilidad muscular y disminuir la tensión. Mantenerse hidratado durante el día es igualmente importante. La actividad física regular, una dieta equilibrada y evitar estar sentado o de pie durante periodos prolongados también pueden ser beneficiosos.
Cuando se produce un calambre, estirar lentamente el músculo afectado, masajear suavemente la zona o aplicar calor puede ayudar a aliviar las molestias. Algunas personas encuentran que caminar brevemente o flexionar el pie hacia la espinilla puede acortar la duración del espasmo.



