Los especialistas coinciden en que, en muchos casos, la conducta acumuladora aparece como una reacción frente a experiencias traumáticas. Situaciones como la muerte de un ser querido, un duelo prolongado, rupturas familiares, abandonos o cambios abruptos en la vida cotidiana pueden desestabilizar profundamente la estructura emocional de una persona.
Ante ese vacío interior, los objetos comienzan a adquirir un valor simbólico que va más allá de su utilidad real. Se transforman en compañía, en refugio, en una falsa sensación de seguridad, continuidad y control sobre la propia vida. Acumular se convierte, entonces, en un mecanismo inconsciente de protección frente al miedo, la soledad y la sensación de abandono.
De alguna manera, quienes padecen este trastorno construyen a su alrededor una barrera emocional hecha de cosas materiales, muy parecida al aislamiento que caracterizaba al filósofo griego que dio nombre al síndrome.
Señales que pueden alertar
Existen ciertas manifestaciones que suelen aparecer en las personas afectadas por este trastorno:



