La comunicación con el animal debe ser pausada y deliberada. Palabras simples, dichas lentamente, con voz grave y segura, suelen ser suficientes. Lo importante no es el vocabulario que uses, sino la entonación: calma, firmeza, sin gritos. Esta actitud transmite una confianza que muchas veces tranquiliza al perro y evita la escalada.
5. Los olores, un detalle que puede ayudar
Si tenés a mano un desodorante o un perfume con olor intenso, podés usarlo como último recurso, pulverizándolo delante tuyo sin gestos agresivos. El olor inusual crea una molestia olfativa pasajera que incentiva al animal a mantener la distancia, sin necesidad de recurrir a la violencia.
6. Anticipar cuando se recorren los mismos trayectos
Si pasás regularmente por zonas donde hay perros callejeros o animales sueltos, lo mejor es anticipar. Planificá tu recorrido, evitá los horarios demasiado solitarios y llevá siempre con vos algún accesorio que te dé seguridad. Esta preparación mental cambia todo: te sentís más confiada y eso se refleja en tu actitud, algo que los perros perciben inmediatamente.
7. Evitar el contacto visual directo y prolongado
Mirar fijamente a los ojos a un perro desconocido puede ser interpretado como un desafío. Lo ideal es observarlo de reojo, manteniendo la conciencia de sus movimientos, pero sin clavar la mirada. Una mirada serena y de costado comunica que no representás una amenaza, pero tampoco una presa.
8. Cultivar la calma interior: la regla absoluta