Además del pelado perfecto, cocinar los huevos al vapor ofrece otros beneficios importantes. Se utiliza mucha menos agua, lo que ahorra tiempo, ya que hierve más rápido. La cáscara casi nunca se rompe durante la cocción, incluso si se colocan huevos recién sacados del refrigerador. La textura de la clara resulta más tierna, sin esa consistencia gomosa que suele aparecer con la ebullición prolongada. Y quizá lo más valorado: los resultados son consistentes vez tras vez.
Consejos adicionales de los chefs
Para elevar aún más el resultado, los cocineros profesionales recomiendan tener en cuenta algunos detalles. Utilizar huevos con al menos una semana de refrigeración facilita el pelado, ya que los huevos muy frescos tienden a adherirse a la cáscara. Es preferible sacar los huevos del refrigerador cinco minutos antes para atenuar el contraste térmico. También conviene no amontonar los huevos en la vaporera; deben quedar en una sola capa para que el vapor circule libremente.
Adoptar esta técnica en la cocina diaria no requiere ningún cambio drástico ni utensilios costosos. Solo un pequeño ajuste que transforma por completo la calidad de un ingrediente tan cotidiano como el huevo. La próxima vez que quieras preparar huevos duros, prueba el método al vapor: descubrirás por qué los hoteles de lujo lo han convertido en su estándar de excelencia.



