1. Niebla mental persistente
Buscas las palabras, olvidas para qué entraste a una habitación, te cuesta concentrarte. La B12 protege la vaina de mielina que recubre los nervios. Cuando escasea, los impulsos nerviosos se vuelven más lentos y la claridad mental se resiente.
2. Hormigueos en manos o pies
Esa sensación de tener una extremidad “dormida” que no termina de desaparecer puede indicar un daño en los nervios periféricos provocado por una carencia prolongada.
3. Fatiga profunda pese al descanso
Sin suficiente B12, los glóbulos rojos no se forman correctamente y el oxígeno no circula bien por el organismo. La consecuencia es una sensación de agotamiento constante, sin causa aparente.
4. Cambios de humor e irritabilidad
La B12 interviene en la producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores que regulan el ánimo. Su déficit puede alterar el equilibrio emocional, especialmente con el paso del tiempo.
5. Piel pálida o con un tono amarillento



