Por qué el mar es salado: el verdadero origen de la sal en los océanos

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La verdadera revolución llegó en 1977, cuando el submarino Alvin descendió a más de 2500 metros de profundidad en la dorsal de las Galápagos. Allí, los científicos descubrieron algo asombroso: chimeneas submarinas que expulsaban agua a temperaturas superiores a 350 grados centígrados, cargada de minerales disueltos. Estas estructuras fueron bautizadas como fumarolas hidrotermales o “fumarolas negras” por el color oscuro de los sulfuros metálicos que liberaban.

Este descubrimiento cambió por completo la comprensión del ciclo geoquímico del planeta. En las dorsales oceánicas, donde las placas tectónicas se separan, el agua marina se infiltra en la corteza a través de grietas y fisuras. Allí entra en contacto con el magma caliente, se calienta a temperaturas extremas y disuelve enormes cantidades de minerales de la roca volcánica. Cuando esta agua supercalentada vuelve a emerger, arrastra consigo sodio, cloro, potasio, calcio, magnesio y numerosos elementos más.

El ciclo oculto bajo el océano

Se estima que todo el volumen del océano mundial pasa a través de estos sistemas hidrotermales cada 10 a 20 millones de años. Es decir, cada gota de agua marina, en algún momento, ha sido “cocinada” en las entrañas de la Tierra. Este proceso no solo aporta sales al mar, sino que también regula su composición química. Algunos elementos son añadidos por las fumarolas, mientras que otros son retenidos en las rocas, manteniendo un equilibrio dinámico.

Por eso la salinidad promedio del océano se ha mantenido relativamente estable durante cientos de millones de años, en torno al 3,5 %. No se trata de un depósito que se llena sin cesar, sino de un sistema en equilibrio donde entran y salen sales constantemente.

Otros aportes: volcanes submarinos y sedimentos

Además de las fumarolas hidrotermales, existen otras fuentes de sal en los océanos. Los volcanes submarinos liberan gases y minerales directamente al agua. Los sedimentos del fondo marino también intercambian iones con el agua que los rodea. Incluso el polvo transportado por el viento desde los desiertos aporta pequeñas cantidades de minerales al mar. Todos estos procesos, sumados a la contribución tradicional de los ríos, componen el complejo balance salino del planeta.

¿Por qué no todos los mares son igual de salados?

 

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