Con el paso del tiempo, el esmalte dental se va adelgazando debido al consumo de alimentos ácidos, al cepillado agresivo o al bruxismo. A medida que esta capa protectora se reduce, la dentina amarilla se vuelve más visible. El esmalte mide aproximadamente 2,5 milímetros en su punto más grueso, pero esta cifra disminuye con los años. Usar un cepillo de cerdas suaves y evitar pastas dentales muy abrasivas son medidas clave para preservarlo.
Bebidas y alimentos que manchan más de lo que imaginás
El café, el té, el vino tinto y otras bebidas oscuras contienen cromógenos, moléculas pigmentadas que se adhieren al esmalte. Además, suelen ser ácidos, lo que facilita aún más la fijación de manchas. Enjuagarse la boca con agua después de consumirlos puede reducir el efecto.
También hay alimentos cotidianos que contribuyen al amarillamiento, como:
- Salsa de soja, vinagre balsámico y salsas a base de tomate.
- Frutos rojos como moras, arándanos y frambuesas.
- Alimentos ácidos como cítricos y tomates, que erosionan el esmalte.
Tabaco y vapeo: enemigos directos del blanco
El consumo de tabaco, tanto fumado como en formato de vapeo, es uno de los principales responsables del amarillamiento. La nicotina y el alquitrán penetran en el esmalte y dejan manchas difíciles de remover. Incluso la nicotina incolora del vapeo se oxida al contacto con el aire y adquiere un tono amarillento. Dejar estos hábitos no solo mejora el color dental, sino la salud general.