cuando el escuincle suelta "Tiranosaurio Rex" antes de aprender a decir "mamá" bien
¿Te ha pasado que tu niño de cuatro años te explica con toda la seguridad del mundo la diferencia entre un "Velociraptor" y un "Deinonicus", y tú apenas puedes pronunciar esos nombres sin trabarte? Seguro te saca una sonrisa y piensas que nomás está jugando o imitando lo que ve en la tele. Pero lo que no sabes es que detrás de todas esas palabras que parecen trabalenguas, tu hijo está haciendo un entrenamiento mental de primera, como si estuviera en el gimnasio olímpico del cerebro. Estudios recientes de universidades chidas como Indiana y Wisconsin descubrieron que esa "obsesión intensa" que algunos niños desarrollan por temas específicos (ya sean dinosaurios, trenes, aviones o hasta piedras) no es un simple capricho, sino una llave de oro para desarrollar su inteligencia y sus habilidades cognitivas de maneras que muchos papás ni siquiera imaginan.
Primero: una fábrica de procesamiento de información (como si le instalaras un Excel humano a tu hijo)



