El marisco es delicioso, pero también es como una esponja. Las ostras, los mejillones y las almejas filtran el agua constantemente y, por lo tanto, pueden concentrar los microorganismos presentes en su entorno. Si se consumen crudos o poco cocidos, suponen un riesgo real. ¿La buena noticia? Cocinarlos al vapor, hervirlos o asarlos a la parrilla es suficiente para neutralizar estos organismos indeseados. Y si una concha no se abre durante la cocción, deséchela sin dudarlo.
Frutas y verduras sin lavar: un paso que con demasiada frecuencia omitimos.
A menudo andamos con prisas, y un simple enjuague de los tomates bajo el grifo parece suficiente. Pero las frutas y verduras pueden contener parásitos presentes en la tierra, sobre todo durante el transporte o en la estantería. La regla de oro: un buen lavado bajo el grifo, un cepillo para las pieles gruesas como las de las patatas o los pepinos, y pelarlas siempre que sea posible. Sencillo, eficaz y muy tranquilizador.
Productos lácteos crudos y agua: dos fuentes que a menudo se pasan por alto
La leche cruda, los quesos sin pasteurizar e incluso el agua del grifo en algunas regiones pueden contener microorganismos resistentes a los métodos de limpieza convencionales. Es preferible optar por productos lácteos pasteurizados; basta con echar un vistazo a la etiqueta antes de comprarlos. En cuanto al agua, sobre todo al viajar, elija agua embotellada o filtrada. Ante la duda, hervir el agua durante un minuto es suficiente para eliminar cualquier riesgo.
Buenos hábitos diarios para comer sin preocupaciones



