Una lúnula anormalmente agrandada, que puede cubrir más de un tercio de la superficie de la uña, requiere atención. Algunos especialistas la consideran un posible indicador de hipertiroidismo, hipertensión o incluso estrés cardiovascular. Sin embargo, es importante que este cambio afecte a varios dedos y persista durante un período prolongado para poder llegar a conclusiones fiables.
Por otro lado, si la lúnula parece desaparecer por completo, esto podría indicar fatiga crónica, deficiencia de hierro o deficiencia de vitamina B12. En este caso, también se recomienda precaución: una sola uña afectada no es suficiente para un diagnóstico.
Las variaciones en el color del globo ocular, ya sean azuladas, grises, violáceas o rojizas, pueden indicar una oxigenación deficiente de la sangre, una reacción a algún medicamento o simplemente ser consecuencia de la exposición al frío. La luz artificial o el entumecimiento en la mano también pueden distorsionar la percepción. Si esta decoloración inusual persiste, es recomendable consultar a un médico u otro profesional de la salud.
Una lúnula moteada o de color rojo intenso (una mancha roja en la cutícula) es motivo para consultar a un dermatólogo, aunque solo sea para descartar una infección o un trastorno vascular. Es importante recordar que la lúnula cambia lentamente: un cambio repentino de la noche a la mañana es poco común. Por lo tanto, es recomendable observar la lúnula durante varias semanas, con buena luz y sin prisas.