Nuestras uñas reflejan nuestro estilo de vida. Una lúnula clara y estable suele indicar una dieta equilibrada rica en proteínas, hierro, zinc y vitaminas del grupo B. Por el contrario, las dietas demasiado restrictivas, el ayuno prolongado o una dieta vegana poco equilibrada pueden provocar la desaparición gradual de la lúnula.
El estrés crónico ralentiza el crecimiento de las uñas y altera el aspecto general de la cutícula. Los periodos de fluctuaciones hormonales —ya sea durante el posparto, la menopausia o tratamientos intensivos como la quimioterapia— también provocan el debilitamiento de las uñas, a menudo con estrías, y la pérdida del contorno de la cutícula.
Es recomendable dedicar un momento cada mes a examinar las uñas con luz natural. Si bien esto no reemplaza un examen médico completo, a veces puede ayudar a detectar cambios sutiles a tiempo, antes de que aparezcan síntomas más evidentes.
