Era la primera vez en mucho tiempo que nos mirábamos de verdad.
Puedes quedarte con todo lo que pediste —dije—. O podemos negociar algo razonable. Tú decides.
Fuentes le susurró algo al oído. Rodrigo escuchó con la mandíbula tensa y los ojos fijos en la mesa.
La negociación que siguió duró dos horas. Al final, Rodrigo se quedó con la casa y un departamento. Yo me quedé con los otros dos, con una compensación económica justa, con la custodia de Valentina y con los derechos plenos sobre mi patente.
Cuando salimos del juzgado, Carmen caminó a mi lado en silencio durante media cuadra.
¿Cuándo lo supiste? —preguntó finalmente.
¿El qué?
Que ibas a hacer esto. Desde el principio, desde aquella primera llamada tuya.
Pensé en esa noche de marzo, en el borde de la cama, en las tres horas mirando el techo.