Muro de Ilusiones -Arthur Harrison, el hombre temido en Wall Street y respetado en Washington, estaba dando sus últimos suspiros en su amplio dormitorio con vistas al jardín de invierno. A sus setenta y dos años, su cuerpo se había consumido por el cá.ncer que devoraba sus pulmones como el fuego en un bosque seco…ver mas👇👇👇

Clara miró a su padre conmocionada. Siempre se había considerado la hija fracasada, la rebelde que no estaba a la altura de las expectativas familiares. No entendía por qué le dejaba todo ese peso tan pesado.

“Padre, yo no quiero eso”, dijo con voz temblorosa. “No entiendo de negocios, y lo arruinaré todo.”

Arthur sonrió con tristeza, con lágrimas en los ojos. “Entiendes más de lo que crees, pequeña. He visto en tus pinturas un alma que Julian no posee. La cultura y el arte son el futuro de los medios, no los números fríos.”

Clara salió de la habitación sintiendo que las paredes de la mansión se estrechaban a su alrededor. Afuera, la lluvia caía torrencialmente sobre los robles, y las hojas doradas volaban con el viento como fragmentos de recuerdos perdidos.

Capítulo Uno: Música bajo el puente

En el barrio de Williamsburg, Brooklyn, donde las paredes están cubiertas de grafitis y el aroma del café amargo se mezcla con el olor a lluvia, Clara encontró su verdadero refugio. Allí, en el pequeño club “Blue Note”, tocaba el piano cada jueves por la noche, lejos de las miradas críticas de su familia.

Esa noche, estaba interpretando “Rhapsody in Blue” de Gershwin de una manera que alteraba su ritmo, volviéndola más triste y salvaje. El pequeño público aplaudía con entusiasmo, pero ella no los veía. Veía el rostro moribundo de su padre, el rostro enfadado de Julian, el rostro de su madre fallecida que se había suicidado cuando Clara tenía diecisiete años.

Después de tocar, bajó del escenario y se acercó a la barra para pedir una copa de vino tinto. A su lado, un hombre alto, de cabello negro y rizado, ojos marrones profundos, vestido con una chaqueta de cuero gastada. Fumaba un cigarrillo y le sonreía con misterio.

“Me has hecho llorar”, dijo con voz profunda que evocaba el sur. “Nadie toca a Gershwin así desde los tiempos de Matthew Garrison.”

Ella lo miró con sorpresa. “¿Conoces a Garrison? Fue mi profesor en la universidad.”

“Soy Theo”, dijo extendiendo la mano. “Theo Rivers. Toco el trombón en una banda de jazz aquí. Te he oído tocar durante semanas y por fin decidí hablar contigo.”

Clara sintió una extraña vibración en el corazón. Lo había visto antes, en los rincones del club, pero nunca se había atrevido a hablarle. Su rostro llevaba algo de la tristeza que ella conocía bien, algo de la lucha que ella nunca había vivido.

“Soy Clara”, dijo con una sonrisa tímida. “Pero aquí todos me llaman ‘la bailarina azul’, por mi vestido azul que siempre llevo.”

“Sé quién eres”, dijo Theo con tono serio. “Clara Harrison, hija del magnate de los medios. Pero no se lo diré a nadie, si quieres mantener tu secreto.”

Clara sintió alivio por primera vez en meses. Él no la veía como un símbolo de riqueza, sino como una artista como él. Se sentó a su lado y comenzaron a hablar de música, de colores, del dolor que se convierte en arte.

“¿Por qué tocas aquí, en este pequeño club, en lugar de en las famosas salas del Carnegie Hall?” preguntó Theo con genuina curiosidad.

Recent Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *