Los diarios terminaban con una carta conmovedora:
“Clara, no repitas mi error. Ama con todo tu corazón, aunque el precio sea alto. La riqueza no vale nada si se pierde el alma. Sigue tu corazón y encontrarás la verdadera felicidad.”
Clara sintió que el mundo se abría ante ella. Ahora sabía que no estaba loca, sino que era un alma libre en un mundo que intentaba encadenarla. Sabía que su madre había sido víctima de las mismas ataduras que la familia intentaba imponerle ahora.
Regresó a Nueva York con una nueva determinación. Enfrentó a Julian en una reunión de la junta directiva y se plantó ante él con una firmeza que nunca le habían visto antes.
“Todo ha terminado, Julian. Ya no me amenazarás más. Renunciaré a mi participación en la empresa a cambio de que me dejes mi vida en paz y no interfieras en mi relación con Theo.”
Julian rió con sarcasmo. “¿Crees que eso es suficiente? El escándalo ha destruido tu reputación y los accionistas no te aceptarán de todas formas.”
“Quizá”, dijo Clara con una sonrisa fría. “Pero si no aceptas mis condiciones, publicaré todo lo que sé sobre tus prácticas deshonestas en la empresa. Tengo pruebas, Julian. Y estoy dispuesta a usarlas.”
Julian palideció. Sabía que ella decía la verdad y que podía destruirlo si quería.
Aceptó el trato a regañadientes y Clara salió de la oficina sintiendo que un gran peso se había levantado de sus hombros.
Epílogo: Un Nuevo Baile
Un año después de aquellos eventos, Clara y Theo vivían en un pequeño apartamento en Brooklyn, donde las paredes estaban cubiertas con sus pinturas y el aire se llenaba con las melodías de jazz que tocaban juntos. Clara renunció a toda su riqueza, conservando solo el piano antiguo de su madre y su foto que adornaba la pared frente a su cama.
Abrió una pequeña galería de arte donde expuso sus pinturas que narraban su viaje de la oscuridad a la luz. Y Theo tocaba en el café de al lado, donde se encontraban cada tarde.
Una noche, mientras paseaban por la orilla del río, Clara se detuvo y miró el cielo lleno de estrellas.
“¿Te arrepientes de haber dejado todo?” le preguntó Theo.